Cómo combatir la obesidad infantil, pandemia del siglo XXI

La Organización Mundial de la Salud define la obesidad y el sobrepeso como “la pandemia del siglo XXI”. En España, el 53% de la población adulta y el 33% de los niños menores de 2 a 17 años padecen sobrepeso y obesidad, unos datos alarmantes que revelan la importancia que hay que darle al deporte y a la correcta alimentación.

La edad escolar y la adolescencia son unas etapas cruciales para la configuración de los hábitos alimentarios y otros estilos de vida que persistirán en etapas posteriores, con repercusiones, no sólo en esta etapa provocando efectos adversos inmediatos, sino también en la edad adulta pasando a formar parte de los denominados grupos de riesgo.

Las consecuencias a largo plazo de la obesidad son el aumento del riesgo cardiovascular, la menor tolerancia a la glucosa, alteraciones en el perfil lipídico en sangre e hipertensión arterial.

También se han descrito problemas ortopédicos que se acompañan de alteraciones en la movilidad física e inactividad; trastornos en la respuesta inmune con aumento en la susceptibilidad a infecciones y alteraciones cutáneas que reducen la capacidad de cicatrización de heridas e infecciones.

Además, existen una serie de consecuencias a corto plazo que influyen de manera directa e inmediata en la vida de las personas, especialmente de los niños. Por ejemplo, profesionales psicológicos señalan efectos psicosociales de la obesidad, como una baja autoestima, aislamiento social, discriminación y patrones anormales de conducta, distorsión de la imagen física.

Por otro lado, también se encuentran las consecuencias físicas (reducción de la movilidad, aparición de irritaciones cutáneas, cambios en el desarrollo esquelético, variaciones en las posturas funcionales). Y por último las fisiológicas (alteraciones metabólicas en la absorción de nutrientes, alteración de la sensación de hambre y saciedad, problemas respiratorios e incluso apnea del sueño).

El extenso horario laboral en ocasiones obliga a los padres a dividirse tanto las tareas, por lo que las comidas rápidas se convierten en una solución fácil, como por ejemplo los almuerzos y meriendas. A veces, para cubrir estas comidas se opta por magdalenas, galletas, bollos de chocolate, bolsas de patatas fritas, zumos envasados y batidos (en los cuales la cantidad de azúcar que contienen puede equipararse a la de un refresco azucarado).

Estas bebidas que contienen azúcares añadidos (sacarosa, jarabe de maíz alto en fructosa) se asocian con un mayor riesgo de aumentar de peso y por lo tanto, conllevan el desarrollo de sobrepeso y obesidad, así como otras enfermedades cardiovasculares como diabetes, síndrome metabólico o la hipertensión.

vasos azucar

Este tipo de alimentación termina por convertirse en un hábito, lo que no resulta nada sano para la salud del niño ya que no aporta ni los nutrientes ni las vitaminas necesarias para que crezcan sanos y fuertes.

Por otro lado, la mayoría de las actividades que realizan los niños se concentran en torno a la televisión, el ordenador, a las videoconsolas y a los videojuegos. Muchas familias, debido a la falta de tiempo o a la comodidad, dejan a los niños delante del televisor durante toda una tarde, en vez de llevarlos al parque o realizar cualquier actividad que sea más favorable. Los juegos al aire libre, los deportes, las excursiones más comunes hace años, se están sustituyendo cada vez más por actividades sedentarias.

Por último, no hay que olvidar la acción de los factores genéticos y neuroendocrinos los cuales predisponen al niño a padecer obesidad o sobrepeso de manera crónica. Los factores genéticos rigen la capacidad o facilidad de acumular energía en forma de grasa tisular y menor facilidad para liberarla en forma de calor, lo que se denomina como elevada eficiencia energética del obeso. Se produce porque a largo plazo el gasto energético que presenta el individuo es inferior que la energía que ingiere, es decir existe un balance energético positivo. Pero, según afirma la nutricionista Lluch Escudero, “hay que tener en cuenta que este es un factor minoritario, el factor más influyente en los casos de obesidad son los hábitos alimentarios y la falta de ejercicio físico”.

¿Qué debemos hacer para prevenir la obesidad infantil?

Escudero, nutricionista de Centro Mediterráneo, en Alzira, asegura que su principal tarea y objetivo “es trabajar en una reeducación nutricional para el niño, pero sobre todo para sus padres y familiares”. Se trata “de proporcionar unas pautas saludables que ayuden al niño o a la niña a conseguir un peso adecuado para él. Por tanto no nos centramos en la disminución de peso, sino en la adquisición del peso corporal adecuado, por lo que en un problema de peso insuficiente la actuación sería la misma, una reeducación nutricional adaptada a cada paciente y a sus circunstancias personales”, explica.

Una de las recomendaciones básicas es que debemos predicar con el ejemplo. Es muy importante ya que los niños aprenden por imitación. Si los padres no comen frutas ni realizan algún deporte difícilmente los niños comerán frutas o practicaran algún deporte.

Para comenzar el día, el desayuno debe ser completo. No debemos saltárnoslo o hacerlo de manera reducida, ya que de esta forma el niño no rendirá en la escuela ni física ni mentalmente. Un desayuno completo debe incluir: una pieza de fruta, cereales que pueden ser pan, galletas y/o cereales (pero cuidado con el azúcar que contienen algunos cereales) y un lácteo que puede ser un vaso de leche, un yogur o queso.

Además, Lluch Escudero hace hincapié en que es fundamental no utilizar ciertos alimentos como castigo y otros como premio, para que los niños no asocien sus conductas buenas o malas con las comidas y no las liguen a ellos. La comida es un hábito como la higiene personal, no es una herramienta de recompensa o de castigo.

Es importante tener un horario establecido de comidas, ayudará a crear un hábito correcto de comer. Así evitaremos el picoteo entre comidas, debido a que la sensación de hambre aparecerá solo a las horas de las comidas. Además, en estos horarios los miembros deben alejarse de aparatos como teléfonos móviles, ordenadores o televisión, para que la comida sea un espacio de comunicación y diálogo.

En las comidas, hay que moderar el consumo de carnes procesadas y embutidos, ya que no son alimentos de muy buena calidad nutricional. En su defecto, lo recomendable es aumentar el consumo de pescado frente al de carnes y sobre todo, frente al consumo de carnes grasas. En esta línea, la fruta y la verdura deben estar muy presentes en la alimentación de los niños con 5 raciones diarias (3 de frutas y 2 de verduras).

Por otro lado, los frutos secos son una opción muy nutritiva y atractiva para los niños. Pero debemos preferir los frutos secos que no tengan sal añadida y no estén fritos. Podemos administrar unos cuantos frutos en la merienda o en el almuerzo, como un buen complemento a una pieza de fruta o a un bocadillo sano.

La bollería, snacks, dulces, azúcares, refrescos y comida rápida aportan muy pocos nutrientes y muchas calorías, por lo que lo ideal es suprimirlos de cualquier dieta. Con estos alimentos lo único que conseguimos es llenar el estómago y aportar exceso de calorías sin obtener beneficio alguno de nutrientes.

Como factor común que una todas las pautas alimenticias, los padres deben estimular el ejercicio físico en los niños, tanto en casa como en la escuela, y tratar de que mantengan un peso saludable estableciendo un equilibrio entre el aporte y el gasto energético.

Si os apetece ampliar esta información, además de la bibliografía os dejo este enlace sobre un completo estudio acerca de la obesidad infantil que difundió el Gobierno con motivo del Día Nacional de la Nutrición:

http://www.naos.aesan.msssi.gob.es/naos/ficheros/estrategia/PRESENTACION_DNN_2014.pdf

 

BIBLIOGRAFÍA

Aparicio Rodrigo M, Rivas Fernández MA. ¿Podemos afirmar que reducir el consumo de bebidas azucaradas por los niños les adelgaza?

De Ruyter JC, O.M., Seidell JC, Katan MB. A trial of sugar-free or sugar sweetened beverages and body weight in children. N Engl J Med, 2012.

Esparza Olcina MJ, González Rodriguez MP. El consumo de bebidas azucaradas se asocia a la obesidad.

Malik VS, P.B., Bray GA, Després JP, Hu FB, Sugar-sweetened beverages, obesity, type 2 diabetes mellitus, and cardiovascular disease risk. Circulation, 2010. 121: p. 1356-64.

Te Moranga L, M.S., Man J. Dietary sugars and body weight: systematic review and meta-analyses of randomized controlled trials and cohort studies. BMJ, 2012.

Vartanian LR, S.M., Brownell KD., Effects of Soft Drinks Consumption on Nutrition and Health: a Systematic Review and Meta-Analysis. Am J. Pub Health, 2006. 97(4): p. 667-675.

 

A. M.

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